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viernes, 29 de abril de 2011

Celos







Celos



Sé que la mira, que piensa en ella como piensa en mí, quizás más. Sé que se toca con su imagen mental y no con la mía. A veces los imagino en el salón de mí casa, comiéndose, revueltos y sin compasión por fracturar los corazones que ahora destrozan. Miro su teléfono y ahí están las llamadas, los mensajes, aparentemente profesionales, pero a veces no los entiendo, a veces son demasiado técnicos. ¿No sería mejor tratar ciertas cosas en el trabajo en vez de por un mensaje? Eso me hace sospechar sobre conversaciones encriptadas, traducciones sexuales y libidinosas, confabulación y engaño. Quiero conocerla, quiero saber cómo es; solo sé su nombre y estoy harta de ponerle cara imaginaria, cara de puta de porno barato. Porque seguro es una diosa, una mujer de bandera que tiene para poderse follar a todos los hombres que quiera y aún así se ha fijado en el mío; aunque por otro lado, ¿quién no se fijaría? El sexo no mengua, no retrocede, incluso diría que se ha incrementado, será porque todavía están haciendo la cama y cuando me penetra antepone su cara a la mía; eso mejor no saberlo porque no lo soportaría. Llevo semanas sin dormir, sin saber qué hacer, sin poder mirar sus ojos directamente. Creo que debo dejarlo escapar, dejar que cumpla lo que en su cabeza haya trazado; seré una desdichada si no termino con esto; ser la que se aparta a tiempo y huye (si lo prefieres) con el rabo entre las piernas, antes de recibir un desprecio mayor. Tengo miedo. Estoy muy asustada, mi castillo de naipes tiende a balancearse y no veo puntales que colocarle. Grito. Lloro. Lo veo negro y de color de puro estorbo ante mis ojos, porque no sé cuánto más aguantarás sin ser sincero y decirme que me dejas, confesarme que ya no sientes lo mismo por mí, que te has enamorado de otra, o incluso aún peor, que aunque me quieres lo nuestro ya no funciona. Quiero morir con saliva en mi boca, ahogarme con ella, quiero que sean mis fluidos los que me quitan el aire y no el veneno que podría dejar salir si me concentrase, quiero que mi personalidad no cambie, ser la misma de ahora en adelante, no perderme a pesar de lo que me hayas hecho, no ser una maldita celosa y vengativa demente. Estoy aterrada. Sé que me engañas, lo siento por dentro, sé que pronto me vendrás con el cuento y mi corazón al fin morirá en el intento de ser de nuevo uno entero. Amor… vida… pero si yo solo te quiero. Ese es mi pecado, ese es mi encierro y también mi tormento.

martes, 26 de abril de 2011

Cita esperada (Homoerótico)







Cita esperada


Ansiedad, locura, nerviosismo. Aturdido derecho de pernada. Sentencia de examen y estudio transeúnte. Calor genital y desasosiego carnal inusitado. Cada dos centímetros de mi cuerpo se estrechaban los poros y contraían los vellos. Le esperaba desde hacía días y sentía un abismo bajo mi pétreo organismo, uno jamás antes concebido. ¿Sería quizás el sentimiento de algarabía y estremecimiento mutuo? Algo en mi interior me decía que quizás no fuese buena idea este encuentro laberíntico y programado.
Las preocupaciones se disiparon como rocío al medio día, cuando sus ojos se untaron en mi anatomía, cuando sus manos cruzaron trémulas la piel caótica de mi cuello, acto organizado para aproximar sus labios, bordando con hilo dorado los míos, abiertos y codiciosos de ser comidos por lengua de fuego y saliva de vino.
No hubo palabras, no hubo dichos. No eran necesarios prólogos inaugurales, ni manifestaciones de saludos cordiales. Ya nos habíamos contado todo, semanas de tertulias comitivas y calientes noches de soledad autocomplaciente, con su cara en mi mente y su cuerpo no latente. Ahora era el momento, ahora el sitio y el lugar predicho, ahora éramos él y yo y nuestro amor enfebrecido.
Sus manos expertas en arquitectura y líneas masculinas, me obsequiaban toques musicales de notas esculturales, mientras sus dedos detectivescos se colaban por mi baja espalda y mis músculos traseros. Dejó el hueco aproximado, ensanchado y predispuesto, excitado y anhelante, deseando ser agredido y perpetrado por su miembro. Besos en mi piel, caricias excitadas que dejaban ya de ser las vergüenzas visibles de nuestra cama, mientras dando la vuelta a mi cuerpo, abrazó mi cintura con deseo y jadeando palabras llanas y esenciales, incursionaba dentro con su sexo, dentro de mi alma y sueño. Agarré sus muslos, apreté mi cuerpo, friccioné mis carnes contra sus rizos pubicos, mientras por la boca de ambos se extendía una mueca de felicidad y bienestar ciclópeo. Suspiros corrosivos, lamentos entre dientes y grandes gritos de placer ardiente, antesala del inicio del orgasmo compartido, llenando mi vientre de su fino calor líquido.
No me abandones amor mío, no dejes que me queme sin regocijo, ya no quiero más noches de soledad sin tu periplo, sin saber lo que es tener sexo contigo, sin saborear lo que tu cuerpo tiene escondido. Te quiero amante mío, te quiero ante todo pronóstico. Dos hombres unidos por el bello son de la canción más estética y elevada. Porque años he tardado en encontrarte, pero ahora te advierto que tú siempre serás mío.


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Este relato de hoy es especial, es un pequeño obsequio de cumpleaños para mi amigo Observatorio gay granatense, que hoy día 26 cumple añitos, se nos hace mayor mi niño, jeje
Un beso guapo y me alegra muchísimo que te haya gustado, como te dije, en mi línea, jeje
Y que cumplas muchísimos más.


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lunes, 25 de abril de 2011

En tierra de confidentes Cap 2

Imagen de portada Marcos DK





Para leer el capitulo 1, en la columna de la derecha del blog






En tierra de confidentes




Parte II


En constante agitación removía su cuerpo contra el suelo, peleaba con las cadenas que le tenían amarrado a aquella húmeda celda.

Todavía no entendía cómo le habían apresado, era una magia extraña la que ahora poseía el diabólico Imperiador, pensaba Dokan. No recordaba con anterioridad momento en el que se encontrara con tan poca fuerza y potencia, esos hierros que lo tenían preso no serían impedimento para él, si no fuese por algún extraño hechizo.

Dokan era un hombre de gran envergadura, de fuertes músculos forjados por tantas y tantas batallas vertidas en su piel; pelo oscuro y lacio, unos ojos suspicaces que irradiaban un brillo infantil, rasgo que contrastaba con sus enormes dimensiones. De inteligencia sublime y poseedor de un sexto sentido para la deducción y estrategia, debido a eso había ganado todas y cada una de las guerras en las que había participado.

Un escalofrío recorrió su columna, cuando rememoró las visiones que horas antes le había mostrado su secuestrador como ciertas. Había contemplado a su dama, su única amiga y confidente, muerta en la fortaleza en la que ahora se encontraba. Ella, con el cuerpo desecho y magullado, el gesto de sus facciones devastador, y su cuerpo presentaba una pose poco natural, con la espalda arqueada subyugada a un potro de torturas.

Había perdido la cabeza, se había vuelto loco, convirtiendo su corazón en millones de fragmentos hirientes como cristales que le aguijoneaban el pecho. Gracias a uno de los guardias que custodiaban su encierro, había escuchado una conversación que sabía perfectamente no era digna de sus oídos. Su bella Sacerdotisa estaba aún viva y esas falsas visiones en su mente solo eran meras artimañas para conseguir apresarle. Por desgracia el plan del Imperiador había dado sus frutos y ahora estaba hundido en la desesperación, totalmente consciente de que Airuin vendría en su ayuda.

Pero Dokan no podía pensar con claridad, si le habían podido confundir a él con tamañas mentiras ilusorias, dudaba que no le hicieran el mismo sortilegio a su dama y compañera de partida.

La relación con ella siempre había sido meramente profesional, un guerrero de su talla tenía claramente prohibida cualquier aproximación sentimental con una Sacerdotisa como lo era su amiga. Incluso él bien sabía que esa cercanía que se tenían, esa complicidad, estaba casi rozando lo vedado.

Llevaban muchos años conociéndose, centenares de años, ya había perdido la cuenta. Con un inicio de su relación algo turbio, cuando su antiguo jefe de escuadrón, el General Slander, le había mandado matar a una joven muchacha, que auguraban las Sagradas Escrituras sería la más poderosa de todas las criaturas del reino de Krond.

Como buen guerrero y el mejor en su trabajo, bien sea dicho, aceptó la tarea, pensando que sería de suma facilidad llevarla a cabo. Pero qué equivocado estaba, al ver los ojos verdemiel de la muchacha en cuestión, esa mirada de inocencia recubierta de inteligencia, le hizo dar un paso atrás de inmediato, incumpliendo sus órdenes y desterrándose de por vida del mundo de guerra en el que estaba metido.

Pasó a ser en un segundo el guardián de aquella futura reina del mundo. Y daba gracias que así hubiera sido, ya que con los años descubrió que verdaderamente Airuin era una muy buena líder para el pueblo de Anteón.

Con el tiempo la niña creció y él siguió a su lado, como una mano amiga a la que acudir siempre que ella lo requería, pero los sentimientos empezaron a aflorar entre ambos, un respeto y cariño inusitados, que hicieron lo contrario de lo que en cualquier otra especie se hubiese despertado, ocasionando su separación.

Airuin le mandó lejos, a vigilar y guardar las tierras más alejadas, las del norte del reino, donde él sería sus ojos y manos, donde la distancia entre ellos fuese siempre un buen presagio.

Hablaban todos los días gracias a uno de los dones de la Sacerdotisa, tenían una comunicación siempre fluida y se lo contaban todo, así era más fácil sobrevivir, seguir adelante. Para Dokan ya no había nada más en el mundo que su trabajo a las órdenes de su dama, de su confidente.

En una ocasión, la Sacerdotisa le preguntó cómo no había buscado una buena mujer para acompañar sus días, a lo que él contestó con la misma pregunta, y los dos como tontos rieron, sabiendo que jamás lograrían poder meter a nadie dentro de sus corazones, estos ya se encontraban a su aforo máximo.

Sonrío sin ganas al recordarlo, mientras una vez más se debatía contra las cadenas que lo apresaban. Tenía que escapar de este lugar si quería avisar a Airuin de que todo era una trampa.

Una idea le traspasó la cabeza, ¿Y si a la Sacerdotisa le mostraban la misma imagen que a él le había llevado a estar en este lugar? No podía pensar en algo tan atroz, si Airuin contemplaba algo así, a un Dokan muerto y desmembrado, se desataría en ella una furia que nublaría su vista, terminando pues del mismo modo que lo había hecho él.

Sintió unos ruidos a su espalda, pasos firmes que se aproximaban a su celda. Uno de los guardias le habló, con el tono de voz compungido, quebrado, aunque intentando ocultarlo detrás de un gesto enardecido.
Venía a llevarlo hasta su captor y eso era una muy buena noticia, todo lo que significase estar fuera de esa celda y con posibilidad de escapar, era buen dato.

Nada más poner un pie fuera del calabozo su cuerpo se quebró, sintiendo como toda la fuerza descomunal que siempre le acompañaba, emigraba de él sin contemplaciones, se sentía enfermo y débil. Dos de los guardias, a los que en otras circunstancias ya habría dejado con el cuello roto o agonizantes en el suelo, le cogieron de los brazos, dándole el apoyo que jamás en sus centenares de años de vida había necesitado.

Le condujeron por los pasillos de aquellas cloacas hasta estar frente a un gran portón metálico. Al abrirse este, mostró una sala enorme, al fondo se encontraba un trono elevado donde le esperaba el miserable que pronto acabaría muerto entre sus manos, o eso era lo que Dokan pensaba mientras andaba a paso ligero a su encuentro, siendo después obligado a postrarse a los pies del Imperiador.


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Espero que lo hayais disfrutado, en el proximo, mucha lucha y algún que otro secreto revelado
Besos para todos y gracias por seguir esta historia.

Regalos y premios


Aquí os dejo unos premios y regalos que me concedieron, maravillosos todos ellos

Este primer premio es de Luz, gracias cariño mio por acordarte de esta pobre mortal, jejeje
Me ha encantado guapa, tu siempre tan maravillosa, te mando muchisimo besos ¡¡¡guapa!!!



Estos  son de Angy, muchas gracias mi reina, eres un encanto, siempre acordandote de mi, te mando desde aquí millones de besos enormes




Aqui esta el de mi chica Dulce cautiva, dueña del blog "El club de las escritoras" al que con mucho orgullo pertenezco, gracias mi chica por este detalle, y felicidades por esos 100 seguidores, dentro de nada seran el doble, besos guapa


Estos premios son especiales, uno de ellos es personal, ya sabes Janeth que siempre estare contigo mi chica, no lo dudes nunca. El otro es un premio por mi participación en uno de sus concursos, donde muy orgullosa he de decir que quedé en tercer lugar, gracias por tremendo concurso, me lo pase genial participando. Muchos besos chicas, siempre estaré con vosotras.



Y aqui un premio especial, es de Guille, el se lo tenía que otorgar a siete blogs, siete selecionados, y mi chico decidió que uno de ellos fuese yo, millones de gracias, estoy segura de que los había mucho más interesantes, pero me siento muy halagada cariño.
Aunque yo tengo problemas para eso de decidir por siete blogs, tengo tantisimos en mente que no podría, así que, Guille cariño si no te importa, se lo daré a todos y cada uno de mis lectores, se lo merecen por soportar mis locuras y desvarios, jejeje
Muchas gracias de nuevo y te mando muchos besos guapo, me ha encantado el premio.






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viernes, 22 de abril de 2011

¿Por qué vesos con “v”?





¿Por qué vesos con “v”?



Vesos…
Variados, vitales, valorados, violentos, variopintos, viciosos, veraces, velados, visibles, versificados, vigorosos, voraces, verídicos, voluntariosos, vidriosos, venenosos, volubles, vertientes, vueltos, vigías, vitalistas, volcánicos, vendados, vividos, voluminosos, veraneados, viscosos, valerosos, vencedores, valientes, vitoreados, verificados, volcados, venerados, voladores, vandálicos, vampiricos, vertiginosos, viajeros, vigentes, varoniles, virginales, veloces, villanos, venideros, vistosos, verdaderos, vertidos, veraniegos, vibrantes, vulnerables, vivos y perfectos todos mis vesos al fin y al cabo, por eso son vesos con “v”, por eso así los hago.



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Y si, los labios de la foto son los mios.

miércoles, 20 de abril de 2011

Reseña de” Mihai. Mi historia junto a un Strigoi” (Autora Macu Marrero Lemes)



Reseña de” Mihai. Mi historia junto a un Strigoi”.

Hola a todos, hoy os traigo la reseña de un libro que  esta dando muchos frutos (Mihai. Mi historia junto a un Strigoi. De la Autora y amiga Macu Marrero Lemes). En tan solo un mes de su lanzamiento "Sep del 2010", consiguió agotar la primera edición, va por su segunda y se espera que sean muchas más.
Y como yo para reseñar soy un completo desastre, pedí prestada esta y aquí os la traigo:
Reseña  de la mano de Sebensui Álvarez
Espero os guste.


Reseña de” Mihai. Mi historia junto a un Strigoi”. Por Sebensui Álvarez

Esta novela escrita por Macu Marrero Lemes, aunque no excluya a ningún tipo de lector, creo que dista bastante de las sagas juveniles adolescentes vampíricas tipo “Crepúsculo” y se acerca más a escritoras tipo Poppy Z. Brite o Anne Rice cuyas temáticas principales son: el amor, la muerte, la inmortalidad , el existencialismo y las condiciones humanas y no tan humanas.
Todo esto aderezado además con elementos históricos reales entremezclados y con leyendas, mitos o supersticiones populares rumanas.
Narra la historia, de hecho narra más de una historia, ya que hay un extenso elenco de personajes, algunos de los cuales se van sucediendo a través de los siglos. Desde el XVIII hasta el XXI.
El personaje principal que da título al libro, uno de los dos personajes principales exceptuando a Lorraine, es Mihai, Miguel en español, y que significa “como Dios”. Es un tipo de vampiro muy poco conocido en la mitología de los no – muertos. Un Strigoi, según la leyenda, es el alma de un muerto que escapa de noche de su ataúd para amedrentar a los vivos. También hay Strigas en el libro: Brujas-vampiro que succionan la energía vital de los niños. Dato curioso es que en Rumanía los niños las ven.
En esta novela, la Striga Marietta, llora sobre los rostros de los padres dormidos para así quedarse con su dolor y que no sufran la pérdida de sus hijos. Un dato bello de estos seres.
Una de las diferencias de estos vampiros con los comunes, es que se alimentan de los seres que más quieren y apenas beben sangre. De hecho se podría decir que son un tipo de justicieros, ya que están en guerra con los vampiros por su sed implacable y suelen asesinar a seres deleznables de la sociedad de cualquier capa social a la hora de alimentarse.
Otro de los ejes centrales de la novela, sería la quijada, una mandíbula que realmente se encontró en Rumanía hace ocho años y que se estima que pueda tener unos cuarenta y cinco mil años.
Un instrumento de poder que pertenece a los Strigoi y que va viajando a lo largo de la historia por Francia, Alemania, Rumanía, España, Escocia e Inglaterra, cayendo siempre en las manos equivocadas, las manos del poder. La mandíbula va circulando por algunos de los personajes más terribles de la historia, véase Maria Antonietta o A. Hitler.
El objeto es utilizado por la codicia humana con el que siempre se fue traicionando a los Strigoi cuando el fin verdadero de ellos era, con este instrumento, preservar su linaje e intentar defender a los humanos de la masacre de los vampiros a lo largo de la historia.
El otro personaje central de esta novela es Lorraine quien nos cuenta en primera persona en su diario, su experiencia con el Strigoi Mihai. Es, se podría decir, la chica predestinada que une ambos mundos: pasado y futuro.
Una especie de “María de los Vampiros” en la que recae el desenlace de los acontecimientos. Gracias a la cual, Mihai, recupera los sentimientos o lo que es lo mismo: El amor y la vida; con lo cual produce el predestinado nacimiento de lo que aquí se denomina como “El Ave”.
También hay un trasfondo o metáfora social sobre la sumisión o la “vampirización” de la mujer.
Conspiraciones, intrigas, historia, resurrecciones, premoniciones, sentimientos telepáticos, terror, misterio, Eterno Amor…Aventuras al fin y al cabo.
Éstas y algunas cosas más, se pueden encontrar en la novela de Macu Marrero Lemes.

Penúltimo Strigoi

La sangre es vida y el agua era muerte para nosotros
Por eso bebíamos este oscuro vino en la umbría

También la luz nos mataba
Así que echábamos las cortinas porque Dios no nos quería mirar a la cara

Resucita mi muerto amor una vez más a través de los siglos…

Ésta fue la verdadera maldición y no otra
La que destruyó nuestra estirpe que quería salvaros, quería justicia…
Una justicia funesta en cualquier caso

Vuestra condición de codicia arruinó nuestra misión en toda la historia
Pero el Amor como la Muerte
Serán inmortales
A pesar de Todo

Sebensuí A. Sánchez



Y aquí la entrevista con su maravillosa escritora Macu Marrero Lemes, una mujer magnifica y talentosa, que sabe dar todo de ella a sus lectores y muestra en cada palabra una emoción y personalidad únicas
Entrevista a la autora



Macu Lemes, La autora de “Mihai. Mi historia junto a un Strigoi”, trás publicar oficialmente su primera novela nos cuenta un poquito como ha sido todo.

¿Cuando empezaste a escribir?

Empecé a escribir mi primera historia después de que una amiga, Paloma, me enviara un manuscrito de una novela suya sobre un licántropo que me encantó. Me animé a escribir la mía aunque no tenía nada que ver con ese género de terror y se la dejé para que la leyera. A ella le gustó mucho pero fue también muy crítica en ciertos puntos.
Empecé a escribir después de leer muchos libros y cuando el trabajo me lo permitía. Sobre todo el género de terror, ficción e historia me apasionan. Escritores como Ángel Gutiérrez y David Zurdo son para mí una referencia en cuanto a ficción.
Mi primera novela la escribí hace tres años. Se titula “6 canicas” y aún no ha sido publicada porque tampoco la he enviado a ninguna editorial hasta que esté del todo pulida.
Todo empezó como un juego y una vez finalizada “6 canicas”, que adoro porque se inspira en una pesadilla que suelo tener ocasionalmente y a la que quise dar un significado, seguí escribiendo más historias. Es un thriller con toques de novela negra en la que introduzco además una historia real acontecida en Roma en el siglo II en el reinado del emperador Adriano.

¿Que literatura te gusta leer?

Las obras de Chufo LLoréns y de Kent Follet me gustan por la cantidad de datos históricos y aclaraciones que realizan en sus obras de las que aprendes muchísimo. Me encanta la literatura zombi de Carlos Sissi, la forma de escribir de la escritora sevillana Laura S.B o de Miguel Aguerralde. Por supuesto no suelo comprar libros que promocionan las superproducciones porque a veces te llevas un chasco. Siempre me gusta mirar entre las estanterías de las librerías y buscar títulos y autores que a lo mejor no son tan oídos o se encuentran de oferta. He encontrado verdaderas joyas así. También en la red tenemos autores fantásticos que nos regalan generosamente sus historias en blogs como Karol Scandiu, Adela y Mariola, Iris, Irene Comendador, Citu o Rimas del alma. Son geniales y es una pena que las editoriales no se den una vueltita por esos blogs novelas.

¿Cómo surgió “Mihai. Mi historia junto a un Strigoi”?

“Mihai. Mi historia junto a un Strigoi”, mi primera obra publicada por una editorial, habla de la mitología rumana. Surgió de la pasión que siente Lorena, la novia de mi hijo, por este tipo de historias. El nombre de la protagonista es el de ella pero en francés y la describo físicamente como es. La forma de pensar y de actuar de la protagonista de la historia, es totalmente diferente.
Como referencias para hacer el libro tuve a Bram Stoker, al gran Le Fanu, a Carolina Andújar, a Guillermo del Toro y Chuck Hogan y las sagas de Underworld . Esta última en películas.
Con Mihai, quise hacer una historia diferente porque sobre los vampiros se ha escrito muchísimo y además, la gente que adora este género, suele ser muy exigente. En Mihai no vamos a ver solo una historia de vampiros y el romanticismo que siempre se palpa. En mi libro el romanticismo brilla por su ausencia. El significado de la palabra Strigoi o vampiro tiene muchas definiciones para mí y he querido demostrarlo. Veremos la prostitución, el maltrato a la mujer y otras discriminaciones sociales que yo jamás toleraré y que me gusta plasmar en lo que escribo. El que sepa leer entre líneas verá claramente el mensaje. También veremos escenas escalofriantes y dramáticas, y la gran codiciada sangre. La lectura se hace fácil porque el lenguaje no es muy complicado. Algunas escenas son crudas porque he intentado hacerlas lo más creíbles posible y hasta el lenguaje que utilizo a veces, puede herir la sensibilidad de alguien. He intentado hacer de datos históricos, que se intercalan en el libro a medida que avanza, una nueva versión de esos acontecimientos adaptándolos a la trama. Aparecen nombres reales como el de Maria Antonieta, Adolf Hitler o los Delfines Luis XIV, XV y XVI.

¿Cómo fue el camino para publicar la novela?

El manuscrito de la novela lo envié en Abril de este año y me contestaron en apenas menos de 2 meses. Por lo que he tenido bastante suerte porque hay mucha gente con talento que lo lleva intentando muchísimo tiempo. Por lo que ya para mí es un logro el saber que ha sido valorada y publicado por una editorial como Atlantis que ha confiado en la historia sin dudarlo.
Mi meta ahora mismo es que el libro se lea y la gente lo valore según su criterio. Deseo por encima de todo que guste. Si luego lo demandan por toda España en librerías físicas, ya sería la culminación de un sueño hecho realidad. De todas formas, las librerías de Las Palmas, entre las que se encuentra la Librería Archipiélago, se han portado muy bien conmigo y me han prestado ayuda interesándose por Mihai. Me han recibido con entusiasmo y eso, lo agradeceré siempre.No sabéis la emoción que sentí en ver mi libro junto a títulos tan importantes del género. Ha sido algo maravilloso e inexplicable.

¿Ya habías publicado antes?

He publicado un temario teórico sobre la obtención de las titulaciones de embarcaciones de recreo y que la gente se descarga gratuitamente. También he finalizado de escribir “Diagnóstico zombi” por la que se han interesado algunas editoriales de este género y que están valorando.

¿Y para cuando la siguiente?

Ahora estoy escribiendo la segunda y definitiva parte de Mihai. En la primera quedan algunos datos que aclarar pero no por ello dejarán al lector insatisfecho. Lo verdaderamente importante de la historia se explica y se concluye.

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Seguro os he dejado con la intriga ¿verdad? No me extraña, porque este libro me arrancó muchos suspiros, lagrimas, sonrisas y alguna que otra palabrota (bueno eso en mi no es muy estraño, ya lo se)
Asi que solo me quedá desearos una buena lectura (sé que la tendréis)
Besos para todos y en especial para mi querida amiga Macu, te adoro reina mia.

martes, 19 de abril de 2011

En tierra de confidentes





Os presento con toda la ilusión del mundo una nueva historia de mi autoria.
“En tierra de confidentes” genero “fantasía épica”, algo que es la primera vez en la que me adentro, espero que os guste.
Mi querido amigo Marcos, que es un encanto, me hizo la portada de esta gran historia, gracias cariño mío, eres un amor, te ha quedado inmejorable y muy acertada.
Esta mini novela constará de tan solo nueve capítulos, y publicaré uno por semana para los que queráis seguir la historia.
Como veréis son capítulos cortos y os aseguro que con muchas intrigas, acción y sorpresas.
Gracias por vuestra confianza y espero os guste.


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En tierra de Confidentes



Parte I


Las noticias decididamente no eran buenas, Gostrich esperaba atento y expectante por una contestación de la Sacerdotisa Airuin, ahora absorta en sus pensamientos, quizás buscando algún recuerdo lejano; su color de piel había bajado de tonalidad, convirtiéndose en un blanquecino enfermizo, y la expresión de sus ojos era desoladora, sí, definitivamente estaba muy preocupada.

Airuin era una bella mujer de rasgos humanos, alta y con prominentes curvas en su cuerpo, de pechos generosos y caderas anchas a la vez que proporcionadas. Su cabello oro caía sobre los hombros; fino y sedoso, con descaro cruzaba su frente, reposando sobre unos ojos verde tibio y de mirada penetrante.

El sirviente carraspeó dudoso y ese ínfimo sonido sacó de sus cavilaciones a la mujer, que enseguida fijando la vista, ordenó que prepararan su montura para partir a lo que sería una batalla en toda regla.

Él, la única persona por la que daría su vida sin meditarlo siquiera, estaba en peligro. Encerrado y prisionero a manos de su gran enemigo, y bien sabía ella que todo se debía a un ajuste de cuentas, ojo por ojo y….
Maldijo al cielo. ¿Cómo un guerrero de tal envergadura había sido apresado con tanta facilidad? Esa pregunta resonaba en su cabeza, mientras con grandes zancadas abandonaba el interior de su fortaleza.

Estaba segura de una cosa, el maldito señor de la guerra, aquel que se hacía llamar Imperiador, había encontrado al fin su único punto de debilidad, atacando en el centro de su corazón con el secuestro del valeroso hombre del que ella dependía, amigo y compañero, lo único indispensable que poseía, su confidente el gran Guerrero Dokan.

Y aunque se devanaba los sesos para descifrar de qué forma el Imperiador había podido atrapar a dicho guerrero, no la encontraba. “¿Qué ha pasado Dokan, para que te tengan preso y retenido?”. Se cuestionaba la Sacerdotisa.

Jamás nadie consiguió tal hazaña, claro que jamás nadie tampoco se había atrevido, pensó; ella, Sacerdotisa de las tierras nobles de Anteón, poseedora de toda la extensión del Sur del Reino de Krond, daría con su amigo y mataría a todos los que se hubiesen atrevido a poner un solo dedo o garra sobre él.

Dokan siempre había morado al norte del Reino, lugar donde la Sacerdotisa le destinó, para salvaguardar la zona y así estar mejor informada. Él era un nómada en cierto modo, pero la comunicación que tenían era prácticamente a diario, la Sacerdotisa entre sus dones tenía esa dote, la de poderse comunicar con él con total claridad en cualquier parte del reino, por muy remota que se encontrara. Sentir que su amigo llevaba más de dos días sin dar señales de vida, la había preocupado. Decidió pues mandar una tropa de adalides en su busca, de la que solo regresó uno para darle la nefasta noticia, Dokan había sido apresado.


El dragón que escogió para su viaje era uno de los más veloces, aunque su fuerza dejaba mucho que desear, pero a la Sacerdotisa Airuin solo le importaba llegar lo antes posible, a lo que estaba segura sería una emboscada.

Durante todo el camino siguió absorta en su intento de contactar con el guerrero, pero su confidente no parecía escucharla y eso la dejaba cada vez más ansiosa y preocupada. Fustigó violentamente al animal y este con un seco graznido, alzó el vuelo y rebasó en velocidad la luz y el sonido.

Ya se podían ver las torretas del castillo, antesala del las tierras del maldito enemigo, una atalaya gris y desprovista de vida, donde orcos de los más repugnantes aspectos custodiaban y defendían al maligno Imperiador.
Pero pronto todo aquello cambiaría, porque ella no era una mujer cualquiera, ella no era una simple Sacerdotisa de tierras medias; era la gran y majestuosa Airuin, temida y venerada por todos los habitantes del reino de Krond.

Como si de una diosa se tratara, bajó de su montura y se aproximó escoltada por una comitiva de no más de cuarenta guerreros, hasta las puertas del castillo, donde cinco orcos de dudosa inteligencia los recibieron.

_ ¡¡¡Entregadme al prisionero o conoceréis la ira de la que soy poseedora!!!_ Dijo en tono calmado pero alto.

Los orcos no contestaron, se hicieron a un lado y dejaron vía libre a la mujer y su prole; descubriendo ante ellos un desolador lugar de muerte y destrucción, donde los cadáveres y la putrefacción ocupaban cada rincón del recinto. El lugar tenía una extensión descomunal, cruzándolo Airuin con paso firme hasta llegar al final, donde les esperaba otra entrada custodiada.

Sin bajar la cabeza en su avance, sabía que quizás la recibirían violentamente, pero ella ya venía preparada para cualquier cosa que se le pudiera presentar.

Al llegar al fondo del gran patio central, una comitiva de seres repugnantes y grotescos los cortaron el paso, entendiendo claramente que eran los encargados de negociar la palabra del Imperiador, por ello también de ser los primeros en morir bajo sus manos.

_ Lo dije una vez y no lo volveré a repetir, dadme al prisionero que retenéis o llegará la destrucción a vuestros días_ dijo aún calmada

Su cuerpo gritaba por demoler todo a su paso, si realmente le habían llegado a ocasionar el más mínimo rasguño a su amigo…

Sacudió su cabeza para poder calmarse e intentar como en un principio había planeado, cumplir su misión de rescate con paciencia y diplomacia. Pero ver aquellos gestos de burla frente a ella le estaba empezando a sacar de sus casillas. Pronto todos acabarían con sus tripas por el suelo, era algo inevitable.

Sin nadie mediar palabra, una bola de fuego cayó del cielo, en la dirección donde la Sacerdotisa y su grupo de hombres se encontraban.
Airuin levantando la mano, paró la bola a más de cinco metros sobre sus cabezas y con un gesto de indiferencia la lanzó contra la fila de orcos que antes los habían recibido dándoles paso al castillo, e inmediatamente ocasionándoles la muerte.

Los seres que todavía seguían frente a ellos, por un momento tornaron sus gestos divertidos a una patente preocupación.
Y acto seguido se batieron en retirada, gesto que interpretó Airuin como el fin del diálogo amistoso y calmado.

La guerra acababa de comenzar.





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La semana que viene más.
Vesos con "v" para que os duren todo el dia (se que así duran y se conservan mejor)

sábado, 16 de abril de 2011

Mediocridad



NO RECOMENDADO PARA MENORES DE 18 AÑOS



Mediocridad



Salas llenas de filtros y desorden eran lo que bordeaban las inmediaciones de la clínica en la que ella se ajusticiaba con el enemigo. Dichas salas tenían ese olor fraguado y rechinado, que sale de los cogollos del fregadero que nadie limpia asiduamente, de lejía ausente y restriego omitido. Masticaba su propia incertidumbre, cantaba melodías bajas, sabía que todo era producto de su imaginación y aún así no quería estar en el exterior. Los charcos de la clínica tocaban privados y disconformes sus dedos inferiores, agudeza y tibieza que dejaba claro que eran charcos jóvenes. Una grieta en su epidermis graznaba bruta en sus plantas, recibiendo opositora el escozor que ocasionaba el orín de dicho fangal, reventando de puntilloso dolor. Era plasta inerte y carente de movimiento el pelo en su cuello. Allí había vertido su querido compañero el semen ordinario en esta última vez. Paso su mano amoratada y púrpura en el dorso, por toda la extensión de su ojo. No debió hacerlo, no fue en absoluto buena idea juntar los desechos de sus dedos con el jugo de su vista. Ahora el prurito le traspasaba la cornea y el pie al tiempo. Agredía con uñas rancias la desazón de dichos puntos, lastima que no servía de nada, cada vez más rabiosa la imperiosa necesidad de arrancar el cacho de piel rémora. Miró fija el instrumento olvidado por Diego, aquel escalpelo que había sentido tantas y tantas veces hacía meses en su cuello y entrepierna, sonrió profundamente y con sorna, hasta que arrastrándose por el firme, lo alcanzó y asió fuerte por el mango. Agarró la zona de desgarro y con un tirón tónico rebanó el apéndice dejando la piel blanquecina en los bordes y a segundos de convertirse en fuente de magenta chorreante. El dedo cayó al suelo rodando. Una lágrima aterrizó en la comisura alzada de su rictus delirante y paranoico. Sacó la lengua y bebió dicha gota salada, mientras apretaba los ojos, arañando sus pupilas con la tierra allí metida, arrastrada por parpados helados. Pero ya no le escocia, el pie había tomado protagonismo dentro de la cadena de mando de su sistema nervioso. Miro la hoja dentada de la lanceta y ampliando imposiblemente su bucal mueca, la hundió en su costado, mientras que un suspiro desgarrado traspasaba los deformes huecos de sus dientes apretados y expuestos.
El pie no dolía. El ojo no escocía. La cabeza no la sentía. El coño no supuraba. Las manos no temblaban. La respiración era entrecortada. El día había terminado. La vida había dejado de doler, de importar. Al fin era libre y libre se sentía. Al fin podría volver a su cama sin preguntarse otra vez más: ¿Cuándo me vendrá Diego a violar?




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Feliz fin de semana e inicio de esta que viene de fiestas
Besos para todos, mis soles, por favor pedirlos del sabor que más os guste que estoy benevolente y generosa, jeje

viernes, 15 de abril de 2011

Doctrina de vida




Doctrina de vida





Mis sentimientos hacia ti no han cambiado,
siempre te he querido te he amado,
pero todo con el tiempo permuta,
se transforma o simplemente se acopla a bruscas sombras,
que desgarran almas puras y llenas de demoras.
Esperas dulces noches y bellos días,
caricias certeras que surquen las venas,
trampas febriles de noches en vela.
Añoras verdes miradas cargadas de pasiones gratas.
Tormentas de sabanas y cómplices caricias tatuadas.
Doctrinas el tiempo con candentes blasfemias,
mientras dejas cargar a los demás con toda pena,
suspirando paciente entre bambalinas de dudosa condena,
negando con la cabeza ante semblantes valientes y gestos ausentes,
congestionados por temibles dolores patentes.
Así muere lo más dulce y tierno,
así minas las cadenas del deseo,
así es cómo todo torna a corrientes decadentes
que lo menos que parecen
son sinceras líneas de amor y color ardiente.
Tú aunque no lo creas,
no eres el único culpable de esta pena,
tú siempre pareciendo tan insigne y conspicuo,
no eres el único que cree en mariposas de tenue piel brumosa,
alejado de tu misma gema esposa.
Agredes conscientemente la base de mi cuello,
ejerciendo esa presión que me deja sin resuello,
martilleando fuertemente las fibras de los músculos
que visten mis huesos y rellenan mi cuerpo ahora inconcluso.
Como dijo aquel hombre que descansa en tierra fértil,
no dejes que lo bello que adorna tu vida,
se extinga como vulgar y débil concubina.
Atesora y cuida tus posesiones más ricas,
así podrás llegar hasta el final de tus días,
con sonrisa agradable, llena de luz y de vida.




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Resurrección de sangre a corazón (Autores Holkan y Gael)



Resurrección de sangre a corazón






Aquí un relato que escribieron mis hijos adoptivos Holkan y Gael. Ellos a parte de ser unos niños maravillosos, escriben que da gusto. AQUÍ su blog para el que quiera pasarse a dar una vuelta no os arrepentiréis. Este relato le hicieron para una recopilación homoerótica, y a mi siempre me ha puesto la piel de gallina, si, lo he leído como unas diez o doce veces, jaja.
Que disfrutéis de la maravillosa lectura. De intensidad en todo el texto y por las sorpresas y magnifico final.
Os quiero mis chicos con todo mi alma, mis hijos bellos.

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Resurrección de sangre a corazón


La historia que estoy por contarte es relativamente corta a las que se han contado a lo largo de la historia. Puede que no la consideres especial, ni mucho menos interesante, pero para mí, que estoy viviendo mi epílogo, en verdad significa mucho.
La ciudad donde esta historia tiene lugar, es la misma donde tú vives. La era y el año en curso, también son los mismos en los que tu cuerpo se encuentra. Mi lengua y mi raza, son las mismas que las tuyas. Mi edad, lamento decepcionarte, no es la misma que tú tienes, aquí te cambio un poco la mecánica, en realidad tengo veinticinco años. La edad perfecta del ser humano dicen algunos, más lo que voy a narrarte ocurrió cuando yo tenía poco de haber entrado a la adolescencia. Tenía catorce años, es desde esa perspectiva que te diré las cosas. Ahora las entiendo de otra manera y no sé que fue peor.


…EN UNA MORGUE.
La oscuridad se dilataba frente a mis ojos. El dolor estaba siendo tan intenso y mi sudor era frío. Podía escuchar claramente como mi cuerpo era drenado de sangre. El elixir sagrado para todo Dios pagano salía lentamente de mis venas y arterias, el vacío que deja esa sensación, es algo indescriptible. Al mismo tiempo mi corazón era extraído de su lugar, con sumo cuidado. Por esos momentos el dolor dejó de atacarme y sentí que ya era mi tiempo de abandonar la tierra. Ese corazón hizo en mí el peor de los tormentos. Me torturó hasta que ya no pudo hacerlo más. Confieso que me sentí feliz de que me lo estuviesen arrancando, pero no dejaba de ser mi verdugo.
Sabía que una luz intensa color blanca se hallaba justo arriba de mis ojos. Mis sentidos me abandonaban y yo me resistía a creer que todo lo que estaba pasando era por mi bien, por mi vida, por los años que aún me faltaban de goce. Percibía en mi piel el frío de la morgue; esa que siempre está fría, siempre húmeda, siempre con un olor a cadáver.
Unas cuántas gotas de sangre aterrizaron sobre mi cara, tenía ganas de abrir los ojos y saber qué acontecía, sin embargo, no me atreví. Lo oídos me retumbaban a cada sonido de las máquinas que mostraban que yo seguía respirando. La nariz claro, era otro de mis suplicios. Mis fosas nasales completamente resecas por la sonda de oxígeno, ya no quería respirar. Tenía que hacerlo, tenía que seguir respirando. Sentí el bisturí rasgar algunos músculos que abrazaban mi corazón fuertemente. Aterrado de que en verdad iba a morir, grité.
––Esto no durará mucho, Noam.
––¡No me lo quites! ¡Me voy a morir! ¡Puedo sentirlo! ––supliqué, sin poder hacer nada más.
Continué chillando de miedo. Entonces lo sentí, mi corazón fue desprendido de mi cuerpo y acunado en los dedos de otra persona. Desde mi cuerpo inerte en la plancha metálica, la última gota de sangre decía «adiós» al resto de mis órganos que alguna vez la necesitaron para alimentarse y para respirar.
El tiempo se paró. Se silenció hasta los pasos de las arañas…
Al contrario de lo que pueda parecer, estaba burlando a la muerte misma.

Justo como Dios describe en la Biblia, mil años pudieron haber pasado y yo, apenas lo sentí como un segundo, o en realidad sí pasó un segundo y yo lo percibí como una eternidad.
Pude ver las estrellas a través del los más de ocho techos arriba de la morgue. Ellas me arrastraron y me acogieron, esperaban su turno para tomar mi alma. Me cautivaron con sus luces y lloraron al ver mi cuerpo con el pecho abierto, tan tierno y pálido. Yo también lo pude ver, mi alma estaba bajo el resguardo de los brazos de las estrellas, de la luz. La muerte no me alcanzaría a su lado. Las ganas de llorar, aún fuera de mi cuerpo, de ese recipiente de piel y huesos, se hizo presente.
Entre más me acercaba a ellas; sin la carga de un organismo lleno de morales y creencias paganas, tuve una asombrosa revelación. Las estrellas no eran más que tribus de espíritus, nada más y nada menos que eso. Nunca pude definir el sexo de ninguna de esas figuras incandescentes. Aunque jamás cruzamos una sola palabra, ellas o ellos, me advirtieron que si yo estaba ahí es porque me habían elevado a calidad de Dios; solo por unos segundos. Alguien lo suficientemente astuto me oculto de uno de los suyos, uno que pertenecía a la tribu cuyos humanos llamábamos «la muerte.»
Nadie entendía por qué estaba yo entre estrellas; como prefiero llamar a esas tribus de espíritus. Los miles de brazos me sostuvieron, entendían que debían hacerlo, que debían ocultarme, protegerme. Aún cuando mi cuerpo estaba lejos de mi propia alma pude sentir que uno de esas estrellas me tocaba la nuca, me la apretó tan fuerte que mis recuerdos explotaron y todas las estrellas comenzaron a ver no solo mi vida, sino mis sentimientos, mis anhelos, mis pocos miedos y mi intimidad prematura.
«Basta… no sigan. Quiero volver, tengo miedo», les dije a las estrellas.
Ellas se rehusaron a soltarme, tenían que mantenerme oculto hasta que «la muerte» regresara a sus aposentos a dormir, y era la muerte la que estaba precisamente en el mismo espacio dónde mi cuerpo yacía inerte.
Infectadas por uno de los sentimientos que salieron de mi alma, más tribus se acercaron, todas sentían: «curiosidad.»
Así pues, fue proyectada en la negrura del infinito, la noche en la que mi progenitora me dejó abandonado a las puertas de una gran mansión. Ahí estaba yo. Ya lo había escuchado de él, sin embargo, verlo era completamente distinto.
Decir que la noche era fría y tormentosa sería menos que una mentira, todas las tribus y yo pudimos percibir el calor de esa noche, seguro un recuerdo antaño de mi alma. Percibimos la humedad de mi pañal y el hediendo aroma de la cobija llena de moho.
Observaron mi lujosa infancia, llena de juguetes, buena comida y caros atuendos que siempre cubrieron mi piel. Puedo jurar que ellas rieron mientras miraban como era educado y todo lo que yo aprendía de mis profesores privados. Supongo que su burla era por lo que nosotros entendemos por: «conocimiento.»
De mi infancia saltaron a mi pubertad, cuando solo tenía doce años y una extraña enfermedad atacó mi cuerpo, la cual me mantenía con fiebres altas, alucinaciones, convulsiones. Sí, eso también lo recordaba perfectamente, viví con esa enfermedad desconocida dos años largos, un día finalmente me acostumbré a los achaques físicos y tantos días parecía otro chico normal. Así era mi vida, la enfermedad se aletargaba, dándole a él la oportunidad de analizarme en pos de encontrar una cura.
Llegó así la proyección que daba inicio en los patios traseros de la gran mansión. A la sombra de un ciruelo rojo, me encontraba yo, leyendo como de costumbre en mis ratos libres, el calor del sol inundaba el aire y la fragancia de los muchos ciruelos se pavoneaban en mis fosas nasales. Me sentía muy extraño ese día, llevaba noches enteras sin dormir causa de una extraña fiebre, una muy particular. La fiebre que no me tiraba en cama, más era profundamente insoportable, una fiebre interna que me obligaba a refugiarme bajo las sábanas de tela fina y acariciar mi cuerpo para aliviar mis nervios y ansiedad.
Ninguna estrella se apartó de mirar la escena donde yo tomaba un hielo del vaso con limonada y comenzara a frotármelo en cara, las mejillas, ambos lóbulos, bajando por las finas líneas de mi cuello, bajo mi nuca, arriba de mis clavículas y cayendo húmedo por mi tórax. Hubo una revolución en las tribus.
«¿Qué… significa esto?»
Un ser de luz, de una de las estrellas, el ser más valiente y cuya voz híbrida me cuestionaba sobre lo que mis recuerdos le engendraban a todos.
––Eso que ustedes están sintiendo en sus cuerpos luminiscentes, se llama: «deseo.»
«¿Qué es el «deseo»?»
Dijo, mientras todas se arremolinaban a mi alma.
––El deseo es un animal prehistórico que se aloja en el plexo solar y queda dando vueltas, esperando pacientemente el día en que sea liberado, si ese día no llega, transpira por cada uno de los poros, ardiente, quemando los pensamientos más abstemios. A veces se puede controlar, otras tantas, no. Cuando ese dinosaurio escapa por medio de caricias e imágenes que trastornan tu vista, solo puedes aventarte y dejarte caer para disfrutar.
«No entiendo».
––Ahora lo veraz.
Como si lo que hube dicho fuera una orden, todas las tribus, todas las estrellas miraron sin excepción, todas fascinadas, todas frotándose las unas contra las otras. Mi propio sentir corrompía en sus vidas efímeras.
No pude evitar sentirme avergonzado, hasta ese día, nadie sabía que yo me había estado masturbando a la sombra de ese ciruelo rojo. Me hice el amor a mí mismo una y otra vez, hasta que quede exhausto, ahogado en un charco diminuto y viscoso. No sé cuántas veces me toqué pensando en él.
«¿Quién es aquel hombre que te ha recogido, criado e invadido de deseo, y sin más te ha traído hasta nosotros?»
Escuché a las estrellas preguntar al unísono.
La persona a la que se referían era nada más y nadie menos que mi padre, el mismo que estuvo a punto de arrollarme cuando su coche último modelo estaba apunto de salir por las mismas puertas a las que fui abandonado, y que sin el grito de una de las sirvientas me hubiese convertido en un puré de bebé. El mismo hombre que me adoptó después de pensar qué haría conmigo una semana completa. El mismo hombre que venía de una prestigiada familia de médicos forenses (al menos en su mayoría) y que ahora era la cabeza de esa familia. Ese hombre era: Benjamín Jael Anatol D’Arossa VI, la persona que yo más respetaba y a la única que amé.
Las estrellas en su estado de perfección, eran estúpidas, no comprendían cosas como el parentesco, los lazos familiares ni de afecto. Me dieron pena profunda, ellas no eran sabias como creía. Las estrellas no conocían nada de nada. También pude sentir sus celos, todas querían vivir por sí mismas los mismos sentimientos que yo experimenté mientras estaba vivo, en lo que ellas decían: era un estado incompleto.
Vieron como la enfermedad me deterioraba poco a poco y los esfuerzos de Benjamín por erradicarla. Llegamos a mí décimo tercer cumpleaños. Sin perder detalle a mi vida las estrellas se mostraban frustradas. Hasta la fecha no puedo saber el por qué. Seguro seguían recriminándose por todo lo que se perdían por el simple y llano hecho de no estar vivas y poseer un cuerpo físico y mortal.
Seguramente su parte favorita fue el día que cumplí los catorce. Benjamín decidió que mi aniversario sería el mismo día que me encontró.
Ese día me levanté como siempre a las seis en punto de la mañana sin la ayuda de un despertador, ya estaba acostumbrado. Una de mis nanas me llevó ropa nueva, la más bonita que jamás hube visto. Yo presentía algo. Me cambié el pijama rápidamente y bajé con emoción las escaleras y luego me dirigí hasta la sala común. Mis ojos no daban crédito alguno a lo que observé.
Toda la servidumbre, mis nanas, hasta mis maestros estaban ahí reunidos, por supuesto Benjamín también. Sus manos aplaudían al tiempo que los labios pronunciaban el «feliz cumpleaños.» Jamás había tenido una fiesta de cumpleaños que no fuera una comida o la visita a algún lugar bonito y divertido, como un museo o una obra de teatro ––para mi, eso era divertido––.
Me cantaron happy birthday, cortamos el pastel y abrí mis obsequios.

¿Te cuento un secreto? No creo que las estrellas hayan comprendido ni un poco toda la felicidad que me hacía volver a revivir esos bellos momentos. No lo comprendían porque para ellas Benjamín era una persona por demás extraña que en público solo me presentaba como su aprendiz y que en cuestión de educación y etiqueta llegaba al punto de ser bastante estricto, pero que a solas, conmigo mostraba la faceta de ser más cálido y cariñoso.

Esa noche Benjamín me invitó como pocas veces a dormir con él. Para mi eso era el mejor de los placeres o regalos. Su cama era enorme. Una king size o más grande. El colchón mullido y alto, con sábanas lisas y edredones aterciopelados. En cuanto me acomodé mis pulmones absorbieron el perfume impregnado en las almohadas de Benjamín. Cada alvéolo se lleno de ese mágico aroma. La fiebre extraña regresó a mi cuerpo. El dinosaurio de mi interior se alteró desgarrando mi pecho, traté de controlarlo. No pude.
Si algo nunca noté en Benjamín fue su dormir, él siempre fue el primero en toda la mansión en despertarse y el último en caer dormido. Él se encontraba acostado a mi lado, quieto, silencioso, yo sabía que solo fingía. Una vez más todo mi ser se inundó de aquella fiebre que me tapaba los oídos, mientras mi corazón se estrujaba y quedaba como una uva pasa de la desesperación que mi piel tenía por ser rozada. Sin intención de algo más, de manera inconsciente, comencé a restregarme. Daba vueltas y vueltas para liberarme del intenso calor que me atacaba. No hacía ningún ruido aún cuando todo me parecía un sueño.
––Estate quieto o vete a tu cama ––me reprendió Benjamín.
––No puedo… Me siento tan extraño.
La bestia prehistórica escapó de mi cuerpo, me impulsó a actuar de manera inesperada. No lo pensé dos veces y me senté con rapidez, volteé mi cadera y me aventé al pecho de mi padre ––Aunque nunca me permitió decirle así––.
Él me sostuvo entre sus brazos, desconcertado de mi actitud. Tocó mi frente pensando que las fiebres altas habían regresado, y sí, pero no eran las que él pensaba. Mi cuerpo ardía en deseo y pasión. Lujuria o lasciva, eso era lo único que me atacaba.
Quería sentir sus brazos fuertes explorar centímetro a centímetro mi piel. Tenía la imperiosa necesidad de que llegara mucho más allá de lo que jamás nadie llegaría. Me ofrecí sin reservas a su adultez y experiencia. Él ya había comprendido lo que me sucedía y se limitó a dejarme ser. Me dio, en una silenciosa orden que le diera rienda suelta a mis carnales deseos.
Sus labios me parecieron la misma vida cuando los junté con los míos, su saliva fue el mismo elíxir de los Dioses y yo, la degustaba grabando a flor de piel. Creyendo que solo me iba a permitir llegar hasta ahí, solté un gemido de desesperación, quería más, no solo frotar mis genitales en su pelvis; dónde ya me encontraba sentado. Instintivamente use mis manos como una herramienta de seducción. Necesitaba mirarlo, me urgía como nunca clamar por el calor de su propia piel.
El vello en pecho que se asomó al desabotonar su pijama, me recordó a los bosques sagrados de aquellos libros de fantasía que leí en mi infancia. Me agaché para besarlos, sentir el cosquilleo en mi húmeda lengua, que como una serpiente se deslizó por toda la zona, tentativa.
Entonces lo sentí. Benjamín estaba al borde de sí mismo. Me tomó bruscamente de los hombros y dio media vuelta conmigo, recostándome. Teóricamente arrancó mis ropas y dejó al descubierto mi tierna piel. Me sentí morir cuando una sonrisa escapó de sus labios al ver mi pequeña erección. Yo siempre fui un chico pequeño, aún para mi edad y buena nutrición, siempre balanceada, más nunca crecí lo que tenía que crecer, incluida las diferentes partes de mi cuerpo. Qué humillación sentí al saberme pequeño frente a sus casi uno noventa de altura. Yo era pequeño y Benjamín me hacía verme más diminuto.
Como a los recién nacidos cuando se les acuna en brazos para arrullarlos, así me cargó entre sus brazos, totalmente desnudo. Procedió a besarme con mayor fuerza que antes, y yo… yo creía que me arrebataría más que solo el aliento. EL beso terminó pronto muy a mi parecer, pero ahora la víbora que incita al pecado era su lengua y su boca que recorrían mi cuello como el hielo que alguna vez me froté. La sentí por mi pecho poco amplio, mis hombros también fueron asaltados, la cavidad de mis axilas. Absorbió mis pezones con fuerza hasta que de los convirtió en dos montículos carmesí. Mi palidez fue transformada en un lienzo con manchas rojas. No me importó. Si Benjamín quería romperme o deshacerme, en esos momentos tenía la perfecta oportunidad de hacerlo.
Me entregué sin pensar en las consecuencias, sin saber que eso podía ocasionar que con el pasar de los días me tratara con el látigo de su indiferencia más que nunca.
Volví a chillar quedamente al advertir el calor de su mano postrado en mis partes más intimas, las que solo yo me permitía tocar. Estaba sudando, revolcándome en un placer inimaginable y suculento, envuelto en el mayor de mis privilegios. Estaba siendo manejado por manos expertas que se daban el lujo de regocijarme. En aquellos momentos todo me importaba una completa nada. La extraña fiebre aumentó hasta sofocarme, me quedé sin respiración y mi cuerpo se erguía en un camino cuya puerta de entrada estaba siendo abierta por la virilidad de mi poseedor.
La apertura de esa puerta y de ese camino me dolió en demasía, lágrimas brotaron como señal de mi sometimiento. Debido a mí estreches, el camino fue empapado de a poco por la escasa semilla paradisíaca proveniente del cuerpo de mi padre.
Esa noche, en la que cumplía catorce años, Benjamín y yo nos revolcamos entre sábanas de ceda, algodón egipcio y terciopelos europeos. El jardín secreto de mi cuerpo fue descubierto por el explorador más bello sobre esta tierra; a mi me pareció así.
No tenía la menor idea de cuan ebrio estaba dentro de mi mundo perfecto. Él si lo sabía, él si llevaba la cuenta de las veces que el golpeteo en mi próstata me hizo expulsar su líquido premio. Fui explorado en cuatro ocasiones.
Todo lo bueno tenía que terminar y mi cuerpo, débil por la enfermedad no lo resistió más. Quedé exhausto, pero bastante feliz al sentir escurrir toda la energía de Benjamín. Me acurruqué junto a él, me fundí cerca de su cuerpo hasta derretirme. Lo sabía, me estaba muriendo.

¿Por qué mencioné que esta particular escena de mi vida fue la favorita de las estrellas? Sencillo, ellas terminaron conmigo. Me bastó ver por el rabillo del ojo un par de veces para adivinar que todas estaban follando, todas las tribus se montaron en una orgía universal y brillaron tan fuertemente cuando sintieron sus orgasmos. Fue un maravilloso espectáculo. Siendo espíritus sin cuerpo, todo se volvió una masa de luz, representación de lo que yo sentí cuando Benjamín se corrió en mis entrañas. Se fundieron, se hicieron un solo ser.
Cansadas de la paradisíaca forma de experimentar incitadas por mis recuerdos, solo algunas regresaron a ver la continuación y desenlace de mi historia. Al fin de cuentas, querían saber que hacía yo escondido entre ellas.
Fue así como la penuria las invadió como una bacteria mortal.

Después de entregarme a Benjamín cada noche después de mi primera vez, la vida comenzó a escapar de a poco. Cada día que me levantaba me notaba peor, más demacrado, más pálido, un día ya no pude desayunar, alimento que entraba a mi estómago, alimento que era vomitado en una fuente de líquidos estomacales con bilis. Me desnutrí al punto de ya no tener fuerzas para levantarme.
Todos en la mansión D’Arossa temían lo peor al oler en el ambiente el incienso a muerte.
Mi cuerpo no era más que desnutrición, tenía los huesos pegados a la piel reseca y acartonada. Lo que más lamentaba era que ya no podía siquiera besar a Benjamín en las noches, la fuerza no me daba más.
Una noche, desperté por los pasos de él acercarse a mi cama. Me sacudió levemente para espabilarme. Quise hablar y él me hizo la señal de silencio. Me enredó entre las sábanas cual capullo de gusano y me cargó. Yo era una pluma en sus brazos. Sus ojeras me lo decían todo, la preocupación de perderme era su peor miedo.
Me acostó en el asiento trasero de su coche asegurándose de colocarme el cinturón de seguridad. Subió, prendió el coche. El rugido del motor casi me explotó en mis sensibles oídos, sentí un tremendo jalón cuando metió pie al acelerador.
Durante el trayecto abrí un tanto los ojos y observé las estrellas como líneas en el cielo. El coche iba tan rápido que distorsionaba todo, en esos momentos pudimos haber sido detenidos por la policía bajo el argumento ya no de ir a exceso de velocidad, sino por literalmente volar bajo. La tensión de Benjamín llenaba el interior del coche. Fuera lo que fuera llevaba prisa, y mucha.
Fue de esa manera en la que me enteré del pasado nunca antes revelado de Benjamín y su familia. El que la mayoría fueran médicos forenses tenía su razón. El hecho de que su apellido tuviera un número tenía su razón.
Al llegar a la morgue me recostó sobre la plancha metálica que luego serviría para darme mi suspiro de vida.
Benjamín me explicó que su familia, desde tiempos inmemorables se dedicó a ser la última persona que tocara el cuerpo de una persona. Durante los tiempos difíciles, como la peste bubónica, la Gran Guerra, la Segunda Guerra Mundial y otras atrocidades mundiales, su familia era el sirviente de la Muerte. Debido a tanta lealtad, la Muerte les concedió un deseo. Un privilegio para tratarse de un «ser» que no distingue entre razas, religión, moral o riquezas.
Todos los humanos desean algo, y lo que más desean es vivir eternamente, pero ese anhelo es algo que ni la misma Muerte puede cumplir. Así que el segundo mayor anhelo sería, elegir el momento de su deceso. Ese, fue precisamente el pacto que una de las cabecillas de la familia firmó con la Muerte, más no fue exclusiva de todos los miembros. Solo los primogénitos podían ser bendecidos bajo la condición de que entre ellos heredaran por medio de un transplante su propia sangre y el órgano que la mantenía en movimiento: el corazón. De esa manera la sangre representaría el eterno círculo en el que los humanos nos encontramos día a día, y que como en la antigüedad se necesitaba limpiar el agua con agua viva, ósea agua corriente, la misma sangre en movimiento recordaría a la Muerte su promesa, el corazón solo era el mero sacrificio.
Sus palabras me dejaron helado. El sabor a hiel en mi boca fue intenso, yo no era hijo de Benjamín, al menos no de sangre, yo estaba excluido. Fue entonces cuando entre mi lucha por no dejarme caer y ver sus ojos llenos de devoción… lo comprendí.
Benjamín haría un sacrifico de cuerpo completo.
Intenté negarme, alegando que no valía la pena salvar a alguien como yo. La muerte ya me acechaba, lo sentía, siempre lo sentí, solo quería morir en brazos de Benjamín, sin embargo, nada de eso pasó. Las cobijas y mis ropas me fueron quitadas, fui conectado a varios aparatos médicos y escuché claramente el sonar de los instrumentos siendo preparados para la operación.
Dos sondas fueron introducidas en las venas de mis bazos, por una se drenaría mi sangre común, por la otra entraría la sangre del pacto, la Benjamín.
Para evitar que la Muerte me llevara antes de tiempo, Benjamín aprovechó su contrato con la Muerte recitando al aire unas palabras que no pude entender. Entonces tomó un bisturí afilado y abrió su piel. Una línea roja se dibujó en él: se estaba extrayendo el corazón, al mismo tiempo que me transfundía su cálido líquido vital.
Varias veces lo escuché decir «aún no puedes llevarme», lo escuché suplicante, la Muerte ya lo estaba esperando mientras se debatía impotente sin saber a quién tenía que cargarse al hombro primero.
La cirugía extranormal duró un par de horas. La película de mi vida finalizó justo en el momento que las estrellas vieron la escena exacta donde varias de ellas me cargaban para esconderme entre ellas.
«El pacto, ya fue sellado».
Apenas terminé de escuchar las voces híbridas cuando sentí como si alguien me jalara de los pies y me aventara de nuevo a las fauces de la tierra. En mi descenso por microsegundos observé una estrella que ya venía de regreso, en sus brazos, la figura transparente de Benjamín. Grité desesperado. No me pude despedir de él, él tampoco de mí.
Cuando desperté, estaba desnudo sobre la plancha fría y metálica. Las lágrimas llenaron mis ojos. Las estrellas habían cumplido con su trabajo impidiendo que la Muerte me llevara. Benjamín la burlo estoicamente al donarme su sangre y su corazón. Sentía la sangre caliente de mi padre llenar cada vena y cada artería y cada órgano, su corazón ahora latía en mi cuerpo. Bajé la mirada y ahí estaba ya cerrada, la marca que me salvó. Quedaría en mi una cicatriz como señal de que alguna vez hubo sobre la tierra una persona que me amó al grado de sacrificar su vida por la mía.
No sentía dolor, no sentía mareos, no sentía nada… solo tristeza. Entre llanto y con la cara empapada de lágrimas me vestí y salí de la morgue. Resucitado de sangre a corazón.


…ACTUALMENTE.


Inverosímil, si. Extraño, si. Depresivo, también. Esta es la historia de mi vida, de mi segunda vida y de mi amor perdido. Actualmente estoy más sano que un toro y más solo que nadie en el mundo. Nunca me casé, nunca más me volví a enamorar, porque considero que nadie podrá jamás igualar todo lo que Benjamín me obsequio. Amén por ello.
Hoy por hoy soy un destacado médico forense, mi nombre: Noam Benjamín D’Arossa VII. Cabeza de la importante familia de médicos forenses.





 

jueves, 14 de abril de 2011

Reseña el trovador decapitado (Autor Juan José Sotoca)


Reseña el trovador decapitado (Autor Juan José Sotoca)
EL AUTOR

Juan José Sotoca

Nacido en Barcelona a principios de los 70, Juan José Sotoca crece rodeado de influencias que forman, tanto su forma de ver la vida (y la muerte), como su forma de expresarse a través de las letras.

En definitiva, y ahora hablo como opinión personal, un hombre fantástico y lleno de talento que nos puede aportar a nuestras vidas, un sin fin de buenos momentos sumergidos en sus letras, no os perdáis este maravilloso libro “El trovador decapitado”
Rompiendo los esquemas preestablecidos y haciendo que nuestra mente vuele por terrenos inhóspitos y de seguro sorprendentes.

Y aqui os dejo el enlace de su blog, para quien querais conocerle un poquito mas.

http://wwwhistoriasdejj.blogspot.com/

PROLOGO


Después de recopilar una parte de mis relatos venía la tarea difícil de hacer un prólogo, yo mismo he de reconocer que muchas veces he prescindido de leerlos hasta que me di cuenta de la importancia de ellos. Soy una persona que duda y como buen “dudador” no tenía muy claro que poner, fui tan cobarde que incluso le pedí a un amigo que lo escribiera él. Como podéis comprobar me dijo que no. He solucionado el tema del prólogo de una manera rara y es introduciendo un relato en él. Es una forma de presentar mi pequeña obra y a mí mismo. El por qué es sencillo de explicar, creo que partiendo de este relato Amor-odio se puede llegar a entender lo que a veces puede llegar a ser incomprensible, mis relatos. A veces el hablar de suicidio, de muerte, de dolor, de sangre, de vampirismo, de matar, de devorar, puede causar una impresión errónea de lo que se quiere expresar. También hablar de amor, de sentimientos puros, puede significar todo lo contrario. Crear un pequeño caos para poder crear algo, en mi caso un relato. Siempre he definido mis relatos como una poesía prosada. Quizás sea la mejor definición que puedo hacer de mis textos. No me gustan las normas preestablecidas y por eso me apoyo en la poesía (no en su parte matemática) o el surrealismo, me apoyo en la repetición de palabras, me apoyo en el desorden de oraciones, me apoyo en palabras a veces medio inventadas o forzadas, me apoyo de contradicciones, todo ello para expresar lo que de mi interior quería salir. La paciencia siempre ha sido mi enemiga por eso muchos relatos son tan cortos, no soportaba empezar algo y no acabarlo en aquel momento, incluso algunos los escribía tan rápido como durara una canción de Scorpions, Deep Purple, Metallica, Albinoni, Vivaldi, etc, así pues algunos se podían hasta cantar. No os creáis todo lo que leáis, no os toméis al pie de la letra mis palabras no siempre las cosas son blancas o negras. Os dejo con el siguiente texto para que sea el trampolín al resto


Y un pequeño fragmento, para abrir boca y suscitar vuestro apetito


AMOR-ODIO

Muchos filósofos hablan del mundo como una relación de opuestos. Una de ellas podría ser el amor-odio. ¿Esto mueve al mundo?. Qué decir, qué pensar, será cierto. ¿Ama el que odia, odia el que ama, o todo es odio y el amor es el invento de débiles o todo es amor y el odio es invento de fuertes, o todo a la inversa?. Nadie me puede responder porque nadie sabe la verdad.
¿Quién ama?, los que portan corona. ¿Serán ellos quienes nos den ese alimento valioso que es el amor?, y ¿quién odia?, los que llevan tridente. ¿Serán ellos los que nos den esa satisfacción casi divina?. No, no creo que sea tan fácil. Su relación es compleja y por individual su explicación es ambigua.
Cuantas veces hemos oído por boca de sacerdotes que el amor es cosa de Dios, Amor de Dios. Pero el odio de los cristianos por los musulmanes ha teñido de sangre la historia del mundo. Si no hubieran odiado ahora no tendrían el poder que tienen. Cuanta incultura por su culpa, todo en nombre de Dios y por su “amor”. Cuanta mentira que vive gracias a los hombres que se refugian en ella.
¿Debemos odiar a los que mienten?, no porque caeríamos en el trasfondo de su inquisición. ¿Los debemos amar?, no porque seríamos la manta que los cubre, que tapa su mentira. ¿Qué se puede hacer?, educar, pero no creo que valga la pena, no nos dejan. Se lleva bien adentro o naces Caín o Abel. La lucha entre ellos hace que madures espiritualmente. Crear algo a partir de un caos interno, guerrear, beber sangre, matar para que de ello nazca algo nuevo. La única ataraxia real es la que se mantiene gracias a una lucha equilibrada. La falsa es la de aquel que hace lo más fácil, el que no combate, el que se queda sentado frente a sus dudas. En este mundo hay mucha ataraxia de la segunda. Por desgracia la primera cuesta mucho de conseguir, y yo creo que es casi imposible de alcanzar. Yo mismo he caído en la del segundo tipo, ni cuenta me he dado, es tan fácil alcanzarla. Por suerte siempre hay algo, amor-odio, que despierta lo que tengo de guerrero en mi interior, en mi alma, en mi ser.
No creer en nada, ¿es tan fácil?, sí, lo es, una mente nula lo puede hacer. Creer en todo, ¿es tan fácil?, sí lo es, una mente cobarde y mentirosa puede. Parece que entre los dos casos haya un gran abismo ¿verdad?, pues no, todo se resuelve en un no-pensar, no-luchar, ser una mente prescrita por algo o alguien o simplemente ser un "cabeza de chorlito". Hay tantos en este mundo. La gran redundancia. Otros, dentro de esa mayoría, se ponen trabas a la existencia, como por ejemplo ir a la moda o tener problemas en casa o con la pareja; se pueden tener esos problemas, pero casi todos son producto de la falta de motivación cerebral o intelectual. También pueden ser problemas por falta de madurez. El buen músico es el que busca algo nuevo, diferente. El guitarrista que siempre hace los mismos acordes, porque así es más fácil, puede crear una canción fantástica; pero el que rompe notas, el que quema su guitarra es el que se va a sentir bien. Seguramente este último no será reconocido, pero el creará algo, y eso es lo que le mantiene en vida. Amor a su guitarra, odio a la incomprensión. Si esta incomprensión se viera en un reconocimiento masivo, el guitarrista odiaría a su guitarra. No digo que su música haya de ser totalmente rechazada, sólo que será reconocida por aquellos que en su interior se observe algo de contradicción
Un bombero elige este oficio por: ¿amor a la vida y odio al fuego o por el odio a la vida y amor al fuego? No sé, pero en su interior quizás encontremos esa lucha que le hace ser bombero. El primer bombero (el que odia al fuego) lo es porque cuando ve que el fuego mata a personas, a animales, a bosques etc, tiene la necesidad de apagarlo, de acabar con él. ¿Y el segundo, el que ama al fuego?, ¿es bombero?, sí, lo ama tanto que ha de luchar con él hasta la muerte.
La interrelación amor-odio u odio-amor es la que nos mueve a los hombres, al mundo. Parece que el hombre odie al mundo y sin embargo este nos ama. Nosotros lo odiamos tanto que lo destruimos, Él nos ama tanto que nos da oxigeno, alimentos. A veces no envía castigos naturales al igual que nosotros a veces hacemos cosas por él.
Yo por amor u odio a la verdad sigo luchando dentro de mí, como si fuese una batalla entre dragones. Lo que sé, es que la verdad se consigue luchando, no ganando o perdiendo batallas. Sería la lucha en potencia en cuanto que está en potencia. El paso entre la nada y el acto. Una vez está en acto, hay que buscar otra potencia para luchar. La búsqueda de algo, eterno luchar mío.


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¿Que puedo decir de Juanjo? Bueno tengo el gusto de conocer a este maravilloso escritor y he podido comprobar lo grande y magnifica persona que es, su sinceridad y transparencia siempre me han encantado de él, desde aquí te mando un beso enorme querido JJ y ya sabes que está es tu casita

Besos para todos
Irene

domingo, 10 de abril de 2011

Os propongo un juego (El ejercicio de la monotonía)





Os propongo un juego (El ejercicio de la monotonía)


Ok, si, esto es un juego tonto (¿a que parece que la Irene se aburre mucho?) es muy sencillo y que no obliga a nada, es una especie de autoanálisis, para ver nuestras vidas más sencillas.
Consta de hacer una lista, en orden, de lo que acontece en uno de nuestros días cotidianos. Cada uno pondrá lo que quiera claro, no hay limite de palabras (ni mínimas ni máximas), solo una regla, no valen días especiales, solo los que para vosotros son monotonía, y solo se puede redactar utilizando palabras sueltas y separadas por puntos.
Empezaré yo y así tendréis mi monotonía como ejemplo y sabréis un poquito de mi vida personal también. Un poquito solo eh, jajaja A mi por ejemplo me ha salido de 30 palabras, no esta mal, a ver cuantas tiene el vuestro.
A ver que imaginación tenéis en expresar vuestras cotidianidades, jeje.
Si no queréis poner más que cuatro palabras, por mi perfecto, tipo: desayuno. Trabajo. Como. duermo. Jajaja, cada uno es libre de contar lo que le plazca.
Y lo haremos mediante comentario en esta entrada.


Besos para todos que hoy los he preparado caseros y sabor magdalena.

"Genesis" Parte 8 (Todo se desmorona (II) )

"Genesis" Parte 8 (Todo se desmorona (II) )

NOTA:Aqui la continuación de esta maravillosa historia, su autor (Sergio) ha sido muy amable al dejarme publicarla, gracias y que todos la difruteis.

Los primeros capitulos los encontrareis en la columna de la derecha



Genesis (Parte 8)


Todo se desmorona (II)



La fiereza del ataque cogió por sorpresa a Ivan, que esquivó a duras penas, si no llega a ser por sus nuevos y mejorados sentidos y por la superioridad que le proporcionaba estar en una posición más elevada que su contrincante, la estocada le habría cercenado una pierna.

Aún así, la espada bastarda del herrero le abrió un feo corte en el muslo derecho por el que asomó el hueso y del que no salió sangre debido a que su corazón había dejado de latir el día que Liseta le dio el abrazo.

Iván calló hacia atrás por la fuerza de la embestida del hombre y quedó tumbado boca arriba en los escalones de piedra desgastada de la escalera.

Otro de los aldeanos, un tipo moreno y de tez hirsuta con ropas de leñador, rodeo por la derecha al herrero y le asesto un hachazo descendente que abría partido en dos a cualquier hombre.

Pero Ivan no era como cualquier hombre, con la velocidad nacida de sus poderes oscuros sacó a Niebla de su funda y consiguió parar el golpe, trabando el hacha del leñador con la guarda en forma de alas de halcón de su espada mientras de una patada mandaba rodando escaleras abajo al herrero.

Ivan se concentró e invocó los nuevos poderes que había adquirido y que Liseta le había enseñado a utilizar, llamó a las sombras desde el fondo de su mente y estas acudieron con presteza a su llamada. Seleccionó mentalmente una zona oscura junto al aldeano, y de esta surgió un tentáculo de sombras más oscuro que el propio corazón sin vida de su amo.

A una orden mental suya, el zarcillo de oscuridad se enrolló con fuerza al cuello del hombre y lo levantó del suelo con facilidad.

Una risa histérica y carente de humanidad brotó de la garganta de Ivan mientras el zarcillo aumentaba la presión en el cuello del aterrorizado hombre.

El leñador pataleó desesperado mientras boqueaba intentando coger algo de aire y su rostro se tornaba cada vez mas morado.

Los pies del hombre dejaron de moverse cuando su cuello se partió, con un sonido espeluznante, bajo la presión del tentáculo de Ivan.

Mientras tanto Ivan consiguió incorporarse a duras penas y volver a rastras al pasillo.

La aparición del zarcillo había amedrentado al resto de aldeanos que se agolpaban al lado del cadáver de su compañero sin atreverse a avanzar. Aún así sus rostros seguían expresando el mismo odio y determinación que cuando entraron por las puertas del castillo. Algunos, asustados, hicieron el signo de la cruz, y otros incluso huyeron escaleras abajo. Pero el herrero no estaba dispuesto a abandonar la lucha tan fácilmente. De improviso lanzó la antorcha que portaba contra el zarcillo de sombras, el fuego alcanzó el tentáculo de sombras quemándolo y provocando que este se encogiese sobre sí mismo con un siseo hasta desaparecer.

Iván sintió la quemadura del tentáculo como si le hubiesen quemado a él mismo, el tormento era insoportable y no pudo evitar retorcerse en el suelo y gritar de dolor.

Aprovechando el momento de debilidad de Ivan, la turba enfurecida se abalanzó sobre él esgrimiendo garrotes y arrollando al leñador caído a su paso mientras subían por los estrechos escalones hasta el piso superior.

Desesperado, una vez más Ivan recurrió a sus poderes oscuros e invocó una nube de oscuridad que inundó el pasadizo donde se encontraba, envolviéndolo a él y a todos los aldeanos en una viscosa e impenetrable negrura a través de la cual solamente Ivan era capaz de ver.

Los aldeanos quedaron paralizados por el temor que les producía la oscuridad creada por el señor del castillo. Las tinieblas, surgidas del profundo abismo del poder oculto de los Lasombra, engullían los sonidos y oprimían a los humanos como si de una pesada manta se tratara, algunos empezaron a boquear faltos de aire y más de uno dio la vuelta a ciegas y arrolló enloquecido a sus compañeros que subían por las escaleras.

Ivan esbozó una débil sonrisa, trabajosamente se puso en pie para evaluar la situación. Se encontraba muy débil, y no sabía cuánto tiempo podría mantener el Sudario de la Noche. Miró al otro lado del pasillo y vio una ventana abierta al final del mismo.

Cojeando, enfundó a Niebla y se acercó a la ventana mientras la nube de oscuridad empezaba a debilitarse y los aldeanos empezaban a sobreponerse y de un salto se precipitó al vacío.

La caída fue mejor de lo que Ivan esperaba, el torreón de los Ionescu era alto, pero anexo al lado sur se encontraba el edificio de las caballerizas.

Ivan calló unos tres o cuatro metros hasta que chocó con el tejado de madera de los establos y sin poder detener el impulso rodó como un bulto por la pendiente del tejado recubierto de paja.

Con un ruido sordo aterrizo en el suelo de tierra compactada del patio trasero como un fardo.

Aturdido y desorientado Ivan se incorporó a duras penas y miró a su alrededor con la mano en la empuñadura de su espada. La turba no había llegado hasta allí todavía, eso le proporcionaba unos minutos preciosos.

El dolor de la pierna era insoportable, y el brazo izquierdo le colgaba inerte en un ángulo extraño. Concentrándose Ivan hizo que su sangre cainita se dirigiese a sus heridas y contempló maravillado como el tajo de la pierna se cerraba por sí solo. En unos instantes, donde antes tenía una horrible herida, ahora solo se veía la piel pálida e inmaculada a través del roto del pantalón.

Después se acercó a una de las columnas de madera del establo y reuniendo todo el valor que le quedaba encajó el hombro izquierdo en su sitio con un fuerte golpe. El dolor le recorrió el hombro como un latigazo, pero después de un momento ya había recuperado la movilidad del brazo.

Sin perder un instante más corrió hacia la puerta trasera atravesando el patio a toda la velocidad que le permitían sus maltrechas piernas.

Una vez fuera buscó a la luz trémula de la luna a su sirviente.

Jano esperaba a su señor asustado a la sombra de un roble centenario junto al foso trasero del castillo con el caballo ensillado.

Al acercarse Ivan, el equino empezó a piafar nervioso mientras Jano intentaba tranquilizar al animal sujetándolo por las riendas.

De un salto Ivan se montó en la yegua y la tranquilizó pasando su gélida mano por la crin del animal. Después de varias semanas Ivan había conseguido que su montura se acostumbrase poco a poco a su nueva naturaleza vampírica. Pero el animal aún seguía poniéndose nervioso cuando lo montaba.

-Señor, ¿Qué vamos a hacer ahora Sura y yo?- preguntó Jano asustado.

- Id al pueblo y esconderos en casa de algún familiar- respondió Ivan mirando a su sirviente desde lo alto de su montura. –Volveré cuando los ánimos se calmen- añadió haciendo girar al caballo con las riendas.

Sin una palabra más, Ivan espoleó al animal y partió al galope campo a través dejando a Jano tras de sí mientras las llamas empezaban a salir por las ventanas del castillo de los Ionescu.





FIN

jueves, 7 de abril de 2011

Ven conmigo amor de papiro



Para los que os gusta leer con música de fondo os recomiendo los videos de esta entrada, no solo por la envolvente música que emanan, sino porque tienen sus letras (por casualidad, ya que no me inspire en ellos) mucho parecido con mi texto
Que disfrutéis




Ven conmigo amor de papiro




Está lejos pero se qué sueña conmigo.
Una distancia impenetrable
y en el susurro de la noche se qué está pidiendo auxilio.
Mi carne desgajada no quiere pensarlo demasiado.
Mis días desinflados son solo monótonos trazos
de lo que a mi corazón le habría gustado.
Paso decaído por la acera de mi desvarío,
consumo aturdido quimeras desnatadas,
perversas y arañadas por las manos de alguien
que sé me pertenece y aún así no está conmigo.
Despropósitos enardecidos dentro de mi ataúd de pino,
cobarde futuro predigo, si tú al final no estarás junto a mi,
fronteriza e inherente, completa y subyacente,
ofrecida y vencida a mi hundida y cortada mente,
enamorada de mis vuelos, de mis más oscuros deseos,
esos enlazados a mi pierna que,
claman y berrean que tú, solo tú, eres su dueña.
Noche punzante que angustiado me envenenas,
pensando en los dedos de las manos que te saborean,
que cubren los pliegues de tú pena,
que te despojan de salud y ropas,
y te hacen fiera amarga cruel devota.
Rompe cadenas de trapo mojado,
de huesos tullidos y ensangrentados,
ven a mi lado cuando todo haya pasado,
y haremos juntos que se olviden las tiñas de tú piel de mezclilla.
Ven conmigo fina luz apagada,
prometo quererte y blandir mi espada,
contra toda corriente y maltrecha calma.
Ven amor de tenues alientos,
para darme tu vida y quedarte con mi cuerpo,
con todo mi yo eterno.




Y también os dejo una genial curiosidad. Una versión a capella por unos universitarios de la canción de Thom Yorke, escuchad las dos y veréis que ambas son fabulosas, besos para todos













* A pesar de que los problemas con mi pc casero siguen persistiendo, aqui os dejo esta entrada, espero os haya gustado (Desde la oficina) Besos para todos.

miércoles, 6 de abril de 2011

Otra vez los problemas






Ya empezamos con los líos, ni me descargo películas, ni me meto en paginas indecentes, ni le vierto coca cola en las entrañas (y esto si que me lo estoy ya planteando) ni le trato mal al piiiiiiiiiiiiiiiiiii…….. Cabrón este (ups, el pi era para la palabrota ¿no?) bueno total, que no se porque esta mierda de ordenador que tengo (véase la foto) no quiere cooperar conmigo, hacerme la vida un poco más digerible vaya. Nooooooo él ha tenido que dejarme bloqueada más de treinta veces hoy y a ver si esta entrada no me la sabotea también.

Bueno, que para todos los que me echen de menos por sus casitas y demás, por favor paciencia que tardaré poco en esconder el cadáver.

Aprovecho para (y esto no es publicidad) mandaros un beso a cada uno, firmado y autografiado, espero que os guste, podéis escoger sabor, los tengo de fresa, melocotón uva y pimiento (este ultimo tiene mucha demanda no creáis)

Hasta la próxima que espero sea pronto, que mis nervios no están en sus mejores momentos, han optado por hacer huelga y ahora solo tengo desconexiones motoras y relés que no funcionan.

Amenaza: volveré



lunes, 4 de abril de 2011

Amy Hempel (Recomendación literaria)


Amy Hempel (Recomendación literaria)


Cuando la palabra escrita pasa a ser algo más


Amy Hempel : La cosecha
(Amy Hempel
traducción de Maori Pérez)


El año en que comencé a decir cigarrillo en vez de cigarro, un hombre que apenas conocía casi me mata por accidente.
El hombre no estaba herido cuando el otro auto impactó con el nuestro. El hombre que había conocido por una semana me llevó en brazos por la calle de una manera que implicaba que no podía ver mis piernas. Recuerdo haber sabido que no debía ver, y sabiendo que me habría encantado ver si no fuera porque no podía.
Mi sangre estaba sobre la ropa de este hombre.
Dijo, “estarás bien, pero este suéter está arruinado”.
Grité por miedo al dolor. Pero yo no sentía dolor alguno. En el hospital, después de inyecciones, sabía que había dolor en el cuarto – sólo que no sabía de quién era.
Lo que le pasó a una de mis piernas requirió cuatrocientos puntos, los cuales, cuando me tocó contar la historia, se volvieron quinientos puntos, porque nada es tan malo como podría ser.
Los cinco días en que no sabían si podrían salvar mi pierna o no aumenté dos tallas.
El abogado fue el que usó la palabra. Pero no llegaré a eso hasta un par de párrafos más.
Estábamos teniendo esa conversación sobre las apariencias – cuán importantes son. Cruciales es lo que yo dije. Pienso que las apariencias son cruciales.
Pero este tipo era un abogado. Se sentó en una silla de vinilo acuoso cerca de mi cama. A lo que se refería con apariencias fue cuánto de mi pérdida de ellas valía en una corte.
Pude discernir que al abogado le gustaba decir corte. Me dijo que había tomado tres veces la prueba final antes de graduarse. Dijo que sus amigos le habían dado tarjetas de negocio con un bonito relieve, pero estas adorables tarjetas se suponía que dirían Abogado-afiliado, cuando en realidad decían Abogado-al-fin.
El ya había cubierto la pérdida de nuestros capitales.
“Hay otra cosa” dijo. “Tenemos que hablar de matrimonialidad”.
La tendencia era decir ¿matrimo-qué?, aunque ya sabía qué significaba al primer momento de escucharlo.
Yo tenía dieciocho años. Dije, “primero, ¿por qué no hablamos de citalidad?”
El hombre de una semana ya se había ido, el accidente lo llevó de vuelta a su esposa.
“¿Piensas que las apariencias son importantes?”, le pregunté al hombre antes de que se fuera.
“No al principio” dijo.
En mi barrio hay un tipo que era un maestro de química hasta que una explosión se llevó su cara y dejó lo que había detrás. El resto de él se viste impecablemente de trajes negros y zapatos lustrados. Lleva un maletín al campus universitario. Qué acogedora – su familia, dijo la gente – hasta que la esposa se llevó a los niños y se mudó de la casa.
En el solarium, una mujer me enseñó una foto. Dijo, “así es como mi hijo solía verse”.
Pasé mis tardes en Diálisis. Les daba igual cuando una silla reclinable estaba libre. Tenían televisores pantalla ancha de color, mejores que los que hay en Rehabilitación. Los miércoles por la noche veíamos un show donde mujeres en ropas caras aparecían en espléndidos sets y prometían arruinarse las unas a las otras.
A uno de mis lados había un hombre que sólo hablaba en números telefónicos. Le preguntarías como se siente y el diría “924-3130”. O diría “757-1366”. Tratamos de adivinar que era lo que significaban estos números, pero nadie lo daría por seguro. Hubo a veces, al otro lado, un niño de 12 años. Sus pestañas estaban gruesas y oscurecidas por medicación de presión arterial. Él era el siguiente en la lista de trasplantes, tan pronto como – la palabra que usaban era cosecha – tan pronto como el riñón fuera cosechado.
La madre del niño rezaba por conductores ebrios.
Yo rezaba por hombres que no fueran discriminadores.
¿No somos todos, pensaba, la cosecha de alguien?
La hora terminaría, y una enfermera de piso me llevaría en ruedas hasta mi cuarto. Ella diría, “¿por qué ver esa basura? ¿Por qué no mejor me preguntan cómo estuvo mi día?”.
Pasé quince minutos antes de irme a la cama apretando horquillas de goma. Uno de los medicamentos estaba haciendo que mis dedos se endureciesen. El doctor dijo que me lo daría hasta que no pudiera abotonarme la blusa – un modo de expresarse con alguien en un vestido largo de algodón.
El abogado dijo, “trabajo de caridad”.
Se abrió la camisa y me mostró donde una acupunturista le había aplicado jarabe de cola, enterrado cuatro agujas y dicho que la verdadera cura era el trabajo de caridad.
Dije, “¿Cura para qué?”.
El abogado dijo, “Inmaterial”.
Tan pronto como supe que estaría bien, me sentí segura de que estaba muerta y no lo sabía. Me movía a través del tiempo como una cabeza cortada que termina una oración. Esperaba el momento que me despertara de mi vida aparente. El accidente ocurrió al atardecer, así que en ese momento era cuando más me sentía así. El hombre que conocí la semana pasada me llevaba a cenar cuando sucedió. El lugar fue en la playa, una playa en una bahía en la que puedes mirar las luces de la ciudad, un lugar donde puedes observarlo todo sin tener que ponerle atención.
Un buen tiempo después fui finalmente a esa playa. Yo conduje el auto. Era el primer buen día de playa; vestí pantalones cortos.
Al borde de la arena me desaté las vendas elásticas y vadeé hacia la espuma. Un chico en un traje mojado miró mi pierna. Me preguntó si un tiburón lo había hecho; había vistazos de grandes blancos por esa parte de la costa.
Le dije que sí, que un tiburón lo había hecho.
“¿Y vas a volver a entrar?” preguntó el chico.
Yo dije “Y voy a volver a entrar”.
Dejo mucho afuera cuando digo la verdad. Lo mismo pasa cuando escribo una historia. Voy a empezar ahora a contarte qué es lo que he dejado fuera de “La Cosecha” y quizás empiece a preguntarme porque tuve que dejarlo fuera.
No hubo otro auto. Sólo hubo un auto, el que me impactó estando en la parte de atrás de la motocicleta del hombre. Pero piensa en las incómodas sílabas cuando dices motocicleta.
El conductor del auto era un periodista. Trabajaba para un periódico local. Era joven, un graduado reciente, e iba en camino a una reunión para cubrir una protesta. Cuando digo que en ese entonces yo era una estudiante de periodismo, es algo que podrías no haber aceptado en “La Cosecha”.
En los años que siguieron, esperé por el nombre del reportero. Él rompió con la historia del templo en People que resultó en el viaje de Jim Jones a Guyana. Luego, cubrió a Jonestown. En el cuarto ciudadano del San Francisco Chronicle, mientras el número de víctimas mortales ascendía a novecientos, los números fueron posteados como donaciones en una noche de promesas. En algún lugar de los cientos, un letrero fue pegado a la puerta que decía JUAN CORONA, CHÚPATE ESA.
En la sala de emergencias, lo que le ocurrió a mi pierna no requirió cuatrocientos puntos sino un poco más de trescientos. Exageré incluso antes de empezar a exagerar, porque es cierto – nada es nunca tan malo como podría serlo.
Mi abogado no era ningún afiliado. Era uno de los socios en una de las firmas más viejas de la ciudad. Él nunca se habría abierto la camisa para revelar el sitio de la acupuntura, que es algo que él nunca habría tenido.
Matrimonialidad era el título original de “La Cosecha”.
El daño hecho a mi pierna fue considerado cosmético aunque aún, después de quince años, me cuesta arrodillarme. En un arreglo fuera de corte antes del juicio, me dieron cien mil dólares. El seguro del auto del reportero subió doce dólares por mes.
Se había sugerido que me frotara la pierna con hielo, para resaltar las cicatrices, antes de que me subiera la falda tres años después para la corte. Pero no había hielo en los cuartos del juzgado, así que no tuve oportunidad de pasar o fallar esa prueba de ética.
El hombre de una semana, a quien pertenecía la motocicleta, no era un hombre casado. Pero cuando pensaste que tenía una esposa, ¿no era yo responsable de lo que sucedía? ¿Y no se me venía encima?
Después del accidente, el hombre se casó. La chica con la que se casó era una modelo de pasarela. (“¿Piensas que las apariencias son importantes? Le pregunté al hombre antes de que se fuera. “No en un principio”, dijo).
Aparte de ser una belleza, la chica valía millones de dólares. ¿Habrías aceptado esto en “La Cosecha” – que la modelo fuera también una heredera?
Es cierto que íbamos camino a comer cuando ocurrió. Pero el lugar donde podías observarlo todo sin tener que prestarle atención no era una playa en una bahía; fue en la cima del Monte Tamalpais. Teníamos la cena con nosotros al aproximarnos por el ondulante camino montañoso. Esta es la versión que tiene cabida para una ironía perfecta, así que no te incomodes cuando diga que por los próximos meses, desde mi cama de hospital, tuve una espectacular vista de la mismísima montaña.
Habría escrito la siguiente parte en el cuento si alguien la hubiera creído. ¿Pero quién lo habría hecho? Yo estuve ahí y no lo creí.
En el día de mi tercera operación, hubo un intento de escape en el Centro de Ajustamiento de Seguridad Máxima, adyacente a la Sentencia Perpetua, en la prisión de San Quentin. “Hermano Soledad” George Jackson, un hombre negro de veintinueve años, sacó una pistola calibre .38, gritó “¡Hasta aquí!” y abrió fuego. Jackson fue asesinado; también lo fueron tres guardias y dos “otorgadores de escalón social”, presos que les llevan a otros prisioneros sus comidas.
Otros tres guardias fueron apuñalados en el cuello. La prisión está a un paseo de cinco minutos en auto del hospital Marin General, así que ahí es donde los guardias heridos fueron llevados. La gente que los llevó eran tres tipos de policías, incluyendo Patrulleros de Carretera de California y Sheriffs del Condado de Marin, altamente armados.
Habían policías en el techo del hospital con rifles; estaban en los pasillos, invitando a pacientes y visitantes a volver a sus cuartos.
Cuando fui llevada en silla de ruedas hacia fuera de Recuperación más tarde ese día, vendada de la cintura a los tobillos, tres oficiales y un sheriff armado me registraron.
En las noticias esa noche, hubo un seguimiento del disturbio. Mostraron a mi cirujano hablándole a reporteros, indicando, con un dedo en la garganta, cómo había salvado a un guardia cosiendo de oreja a oreja.
Esto lo vi en televisión, y porque era mi doctor, y porque los pacientes de hospitales son ensimismados, y porque estaba dopada, pensaba que el cirujano estaba hablando de mí. Pensé que estaba diciendo, “Bueno, está muerta. Se lo estoy anunciando a ella en su cama”.
El psiquiatra que vi por derivación del cirujano dijo que el sentimiento era bastante común. Ella dijo que las víctimas de traumas que aún no han asimilado el trauma creen que están muertas y que no lo saben.
Los grandes tiburones blancos en las aguas cerca de mi casa atacan de una a siete personas al año. Su principal víctima es el buzo de abalón. Con los bistecs de abalón en treinta y cinco dólares el kilo y subiendo, el Departamento de Pesca y Juego espera que los tiburones no muestren ni un rastro de disminución.


***


Curiosidades:(Todo comienza por un texto de Amy Hempel llamado “La Cosecha”, un relato increíble, impactante de verdad. Más adelante me entero que Chuck Palahniuk es un gran amigo de la autora y que escribió un texto llamado “Persiguiendo a Amy” que va dedicado a Amy Hempel donde cuenta su impresión del cuento “La Cosecha” que fue el primer cuento que Tom Spanbauer le mandó leer como ejemplo de lo que él llamó “escritura peligrosa”. Curioseando he encontrado dos libros de Spanbauer que pueden estar muy bien “El Hombre Que Se Enamoró De La Luna” y “Ahora Es El Momento”.)


Mini-biografia:
(Amy Hempel: Tras vivir en Denver, marchó a San Francisco, y estudió Periodismo en la California State University en San José. Marchó a Nueva York, y asistió al taller de escritura del editor Gordon Lish, comenzando a publicar desde entonces. Ha publicado relatos en periódicos y revistas tales como The New York Times Magazine, Esquire y Vogue. Ha sido profesora en The New School for Social Research en la Universidad de Nueva York, en el Bennington College y de Escritura Creativa en la Universidad de Harvard.
Es autora de relatos cortos con escritura minimalista.)


Mi impresión:
“Manera magistral de embaucar al lector, donde la sinopsis de los personajes y situaciones te dejan un extraño regusto y sensación. Hace escasamente poco que conozco a esta erudita de las letras y creo que durante mucho tiempo la he echado de menos sin saber que existía. Es una sensación rara, lo se, pero al leerla es lo único en lo que pienso. “Amy, como te he extrañado”